En el conversatorio #NosotrosPorEllas se reflexionó sobre la igualdad de género desde la perspectiva de la movilidad urbana

• El transporte público en Ciudad de México, uno de los más peligrosos del mundo para las mujeres.
• Las políticas públicas en la planeación urbana tienen un sesgo de género: dominadas por los hombres.

El sistema de transporte público de Ciudad de México es considerado uno de los tres más peligrosos del mundo para las mujeres, de acuerdo con una encuesta realizada por Thomson Reuters Foundation de 2014. También, el Instituto Nacional de las Mujeres ha señalado que, en la capital del país, 65 por ciento de usuarias del transporte público ha sufrido acoso sexual mientras viaja y 40 por ciento de ellas cambian su vestimenta para evitar ataques en su trayecto. La Encuesta Origen-Destino en Hogares 2017 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) arrojó que de las 7.9 millones de mujeres que viajan en algún tipo de transporte en la Zona Metropolitana del Valle de México, cerca de 4 millones lo hacen en transporte público, 680 mil en taxi, un millón en Metro y 300 mil en Metrobús y Mexibús, lo que vislumbra un panorama con dificultades aún sin resolver, afirmó el Dr. Javier Delgado, director del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC) de la UNAM.

Precisó que el conversatorio Movilidad y Género, moderado por la Mtra. Tzatzilha Torres Guadarrama, del PUEC-UNAM y llevado a cabo el 26 de octubre en el Palacio de la Autonomía, forma parte de una serie de charlas sobre la Ciudad Habitable #NosotrosPorEllas organizadas por el Programa, en el marco de la adhesión de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a la plataforma de ONU Mujeres “HeForShe: movimiento solidario por la igualdad de género”.

La Mtra. Ana de Luca, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM, señaló que la ciudad se vive de una forma muy distinta, determinada por el género, sin embargo, también la clase socio económica tiene un papel fundamental en la manera en cómo se vive y el paradigma neoliberal ha acrecentado estas desigualdades, que en el caso de Ciudad de México se aprecian de manera muy marcada. Subrayó la importancia de la movilidad del cuidado que recae primordialmente en las mujeres.

La Mtra. María Soledad de la Paz Díaz Vázquez, de la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco, precisó que la movilidad está cargada de relaciones de poder y en las políticas públicas de transporte están implícitas esas relaciones de poder, al igual que el género. “Se debe deconstruir nuestro género y visibilizar los espacios que nos fueron negados cuando la ciudad fue construida”. Para contemplar una agenda pública diversa hay que considerar la calidad del viaje de las mujeres, hablar de las experiencias y la violencia.

El coordinador de la Liga Peatonal Ciudad de México, Arq. Héctor López, dijo que la construcción de la ciudad, desde el urbanismo y la arquitectura, desde la perspectiva no sólo del transporte, sino de la generación de la sociedad misma, ha sido dominada por los hombres. Las mujeres son un nicho de mercado para la industria automotriz porque el transporte público no proporciona una alternativa. Concluyó que en la configuración de la metrópoli hay violencia, no sólo en la movilidad.

La Dra. Paula Soto Villagrán, de la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, aseveró que el paradigma neoliberal de las ciudades ha profundizado las divisiones sociales, transformándolas en desigualdades y cuyo modelo requiere del orden social de género para sostenerse, reproducirse y refundirse. Recalcó que existe un orden social urbano patriarcal, desde antes de la ciudad neoliberal. El género organiza la vida social en todos los planos y no es distinto en la planificación de las urbes o en la movilidad, propiciando que se invisibilice la experiencia de las mujeres y niñas. Asimismo, expuso que las políticas públicas deben reflejar las necesidades de quienes viven las problemáticas y la crítica de los colectivos feministas al urbanismo es que la planeación urbana es un dominio masculinizado, y por ende, las necesidades de para quién se planifica tienen un sesgo de género, como la mayor parte de las actividades cotidianas.

El Dr. Fernando Calonge Reillo, del Centro Universitario de Tonalá de la Universidad de Guadalajara, precisó que “las políticas públicas han puesto el énfasis en cómo hacemos para que las mujeres se sientan seguras en nuestras ciudades, pero habría que preguntarse cómo hacemos para que el espacio de cuidados sea ocupado también por los hombres. Diseñar espacios públicos que empiecen a visibilizar a los hombres en su papel de cuidadores y superar los roles de asignación”.

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